29.06.11
Hace un par de días me encontré con un amigo que tras una larga conversación, me cuenta como ha vuelto a fumar después de 5 meses y medio. Se le veía triste, abatido y desilusionado. Yo por mi parte sólo pude darle ánimos “bueno, por lo menos a hora seguro que fumas menos”. El contestó con rapidez, “eso sí que es verdad”. Me contaba que las cenas con amigos, las copas y las buenas conversaciones le habían hecho volver a coger el tabaco.
En una entrevista a Rafael Nadal, hizo el siguiente comentario:
P. “Tras esa foto, sale a la pista central y se hace otra con el baloncestista Pau Gasol. ¿Qué valores unen a dos ganadores de todo como ustedes?
R. Todos los que ganan tienen siempre una cosa en común que es básica. No es la humildad ni todas esas cosas que quedan muy bien y muy bonitas. Mejor si la tienes, como la tiene él, pero hay mucha gente que ha ganado mucho, una barbaridad, y que es arrogante. Lo que te hace ganar es querer ganar y querer hacer todo lo que toca para ganar. Querer trabajar cuando no te apetece. Saber aguantarte en los momentos complicados pensando que van a cambiar. Ser lo suficientemente tozudo para pensar que las cosas saldrán bien cuando no salen a la primera ni a la décima. Que la mente esté preparada para asumir las dificultades para así poder superarlas. Sin lugar a dudas, todos los que ganan tienen eso.”
Querer ganar, se dice rápido más cuando a Nadal se le suele ver sentado desde el sofá. Hay que estar ahí y no todo el mundo lo soluciona con el mismo éxito. De hecho, no hay muchas personas que lleguen a ser números uno como Rafa.
Hoy, vía Twitter, leí un mensaje que algo así como “Muchas personas dejan pasar pequeños momentos de felicidad en la espera de encontrar el momento más alto y perfecto”. Quizás no podemos ser número 1 en tenis, pero si en tareas específicas como no fumar, jardinería, fontanería, cocina, estudio… Cómo destaca Nadal, un aspecto muy importante es querer conseguirlo pero también es muy importante cómo te gestionas, hacia dónde te diriges y cómo te auto-supervisas. Y estos aspectos se suelen dejar para otro momento y otras veces, se desconocen.
Si partimos del aspecto clave querer conseguirlo, para tener éxito es conveniente añadir más: cómo activar/hacer una serie de tareas, desactivar otras, ir con determinación en cada momento de tu vida y, saber que quieres conseguir. Una secuencia de trabajo podría ser la siguiente:
- En lo que haces, estar atento a tu objetivo y mantenerlo en mente cómo tu punto principal. Si es dejar de fumar, a parte de otras muchas cosas que puedes hacer, te puedes preparar para la próxima vez que te vayan a ofrecer un cigarro. Planificar el momento e imaginártelo superando la situación: respirar, antes de responder, pensar en las ventajas positivas que tienes el no coger un cigarro cuando te lo ofrezcan y luego decir que no, gracias.
- Organízate de forma rígida, tajante y mantente en tus metas.
- Establece claramente que quieres conseguir con ello, cómo te sentirías haciéndolo y qué te motiva a mantenerte sin fumar. Cómo sería tu estado de salud, cómo te presentas ante las personas que te rodean y cómo te sentirás sin tener que inhalar humo, ayudan a tenerlo mucho más claro el por qué lo haces.
- Supervísate continuamente: ahora que no fumo, voy bien o voy mal. Cuando tengo ansiedad de fumar, cómo lo noto, qué plan tengo para activar el no fumar y por qué lo hago…
Tarea fácil no es, pero mientras más cabos atados tengas y más personalizado en ti esté, más posibilidades de éxito puede haber.
Foto por cortesía de Flickr
21.06.11
Semanas atrás, Julia Otero entrevistó a José Antonio Marina en su programa de radio. Me gusta seguir a Marina por sus estudios sobre el cerebro y los desarrollos que provocan en las personas. He leído con anterioridad algún que otro libro de él, pero voy a centrarme en sus dos últimos relacionados con la creación de la Universidad de Padres y la investigación sobre el cerebro: la educación del talento y el cerebro infantil.
En la entrevista, Marina describe el mundo actual cómo globalizado, de una fuerte competencia, acelerado y con muchas oportunidades. Sin embargo, cada persona lo afronta de una manera diferente. Te encuentras personas que son completamente pasivas y espera que “alguien” le resuelva los problemas, mientras que otros asumen la situación y emprenden/innovan/inventan un futuro mejor.
Introduce el concepto de capital educativo. Lo que nos viene a decir Marina es que teníamos por costumbre dejar en herencia dinero o viviendas a nuestros hijos, sin embargo, con este nuevo concepto, lo que le debemos dar en herencia es una buena educación. Esto supone, según el autor, conseguir que el adolescente adquiera una serie de recursos intelectuales, emocionales, operativos y morales para resolver sus asuntos y problemas que le surjan en el día a día.
Me pareció especialmente interesante -cosa que explica muy bien en su libro “el cerebro infantil”-, es el mito o la creencia de que hay habilidades básicas que se aprenden hasta los tres años de edad y que luego no podemos aprender. Un ejemplo de esto sería saber un idioma, el carácter, la velocidad aprendizaje, etc. Esta información surge a partir de un estudio que pidió Clinton para llamar la atención de lo importante que es la educación de los hijos a una edad muy temprana. De ser muy importante, se pasó a que éstas habilidades sólo se podían aprender hasta la edad de los 3 años.
Los estudios actuales de neurociencia han demostrado que el aprendizaje dura toda la vida. Todos podemos aprender un idioma a cualquier edad, aunque a edades más tempranas se tiene más sensibilidad para aprender y si quieres mantener el acento, los 10 años debe respetarse, según afirma el autor. Sin embargo, he conocido a personas que han aprendido idiomas con acentos nativos, ya de adultos y por otro lado, también he conocido a logopedas que han hecho un trabajo excelente para acercarse mucho más al acento nativo de la región del país de habla del idioma. Por esto, es útil mantenerse abierto y comprobar todas nuestras creencias, conocimientos y convicciones. Esto nos permitirá desarrollar más.
El cerebro humano sigue reproduciendo nuevas neuronas incluso en el momento de la muerte. Nuestro cerebro no es algo que se hace y ya, sino que se desarrolla –lo más parecido a un músculo-. La plasticidad del cerebro es por tanto enorme, cuando estamos educando un niño estamos creando todas sus estructuras biológicas y mentales que se irán modificando a lo largo del tiempo.
06.06.11
“Los momentos de crisis producen una vitalidad redoblada en los hombres. O más sucintamente, quizás: los hombre sólo empiezan a vivir plenamente cuando se ven entre la espada y la pared.”
Este es un fragmento de “El libro de las ilusiones” de Paul Auster. Cómo en el libro, muchas personas sufren crisis a lo largo de sus vidas. Pérdidas de parejas e hijos, mascotas, cosas materiales de mucho valor sentimental (libros, películas, fotos…) y económico (dinero, casas, juegos…). Cada actuación tiene matices parecidos pero a su vez, todos son diferentes. Y es que no hay una perdida que sea igual a la otra, ni una que afecte de manera igual a dos personas.
Curiosamente se habla de “yo sé lo que es, porque he pasado por lo mismo” pero ha pasado por su propia crisis y ésta, para otra persona puede ser parecida, diferente o ninguna de las anteriores.
Las personas responden de diferente manera ante situaciones negativas. En casos sencillos, hay niños que se caen de sus bicis y se hacen mucho daño, sin embargo al día siguiente se suben de nuevo en la bicicleta, como si nada hubiese ocurrido. Otros niños, rechazan la bici y le cogen miedo. Tardan mucho más en recomponer la situación.
También hay niños que se quedan encerrados en el trastero. Golpean fuertemente la puerta hasta ser escuchados, y tras varias horas de lloro y golpes, consiguen ser rescatados. Algunos recuerdan la situación para tener más cuidado la próxima vez, a otros, les entra una enorme ansiedad cada vez que se encuentran en sitios pequeños cerrados, cómo los ascensores.
Cada uno de nosotros ha vivido diferentes situaciones negativas que pudieron generar una crisis pero, ¿supiste afrontarlo la siguiente vez de mejor manera?
En el libro, el personaje principal pierde en un accidente aéreo a sus dos hijos y su mujer. A partir de ese momento se hunde completamente, aislándose del mundo y comienza a tener un miedo espantoso a coger un avión. A sus seres más queridos los ha perdido en el ahí, por lo que es de suponer que genere negatividad sobre esta forma de viajar. Evita las carreteras que conducen a los aeropuertos, los aviones y todo lo relacionado con éstos.
Hay un momento en su vida que necesita volar, su solución y es tomar medicinas que le dejen dormido y con ello evitar así el problema. Cierto, pero no lo soluciona. En el viaje de vuelta, se olvida de las pastillas, estuvo a punto de dar marcha atrás, pero se dio cuenta de que tenía razones muy importantes por las que hacer el trayecto en un corto periodo de tiempo. Decidió volar, se sentía incómodo, no era fácil, conocía las posibilidades de tener un accidente, siguió las normas de aviación de manera extrema e intentó estar atento a que nada le ocurriera. El miedo estuvo en todo el viaje pero gestionó su estar ahí por una razón muy importante que tenía que hacer cuando llegara a tierra.
El miedo no se supera como si fuera una pared por la que hay que pasar por encima. El miedo se investiga y se detalla en mayor medida buscando dónde es más seguro para continuar. Efectivamente el mundo es inseguro, pero hay pequeñas partes de él, donde te puedes sentir con más seguridad. A veces las cosas pasan, pero cómo reaccionar e investigar lo ocurrido, te ayuda a tener más herramientas para solucionarlo de una forma mejor. Es aquí donde se desarrolla la persona.
02.06.11
El libro de “El zen en el arte del tiro con Arco” de Eugen Herrigel muestra como un occidental, en este caso un alemán, aprende unas enseñanzas orientales. El autor es un profesor de universidad invitado en una universidad de Japón qué, para conocer mejor la cultura japonesa, decide aprender uno de los deportes más respetados: el tiro con arco. A partir de ahí, se deja recomendar por sus compañeros de trabajo para elegir el mejor profesor de esta materia. En el libro explica cómo aprende a hacer uso del arco, pero sobre todo cómo aprende la enseñanza zen. A mi me interesó, entre otros, los siguientes puntos:
El maestro zen da muy pocas instrucciones en el uso del arco. Para comenzar, le enseño cómo lo hacia él y le dio unas premisas de partida “no debes aplicar todas sus fuerzas sino que los músculos deben estar relajados como si contemplara la acción sin intervenir en ella”.
A partir de ahí tiene que gestionar la frustración, el mantenerte dentro del ejercicio, el continuar haciéndolo, el practicar sin saber cómo se hace tensar el arco para el disparo. Tiene que experimentar diferentes formas hasta encontrar la más adecuada, la que encaje contigo mismo.
“Un gran maestro tiene que ser un gran pedagogo, si hubiera iniciado la enseñanza con los ejercicios respiratorios jamás le habría convencido de su decisiva influencia. Primero hay que naufragar en los propios intentos para luego cogerse al salvavidas que le arrojo”. El alumno sólo se centraba en manejar el arco y no en participar él mismo en el tensado del arco. La activación de la respiración te permite tensar el arco mucho mejor, pero no el maestro no se lo dijo hasta que el alumno se encontraba tan perdido, por lo mal que le salía todo, que cualquier ayuda que recibiera la iba a tomar sin cuestionar.
“El maestro no se horroriza ante los fracasos. Cuando realiza el ejercicio está la expectativa de su fracaso”. Este punto es muy importante, solemos abandonar cuando algo nos sale mal, pero que salga mal es una posibilidad hay que insistir hasta conseguirlo.
Introduce cambios en el entrenamiento: “mientras vienes a clase, debes prepararte por el camino: prepárese para lo que suceda aquí y olvídate de lo demás.” A parte de hacer uso de tu cuerpo, también necesitas un entrenamiento mental. Es decir, si voy a jugar al tenis, puedo ir calentando y practicando los ejercicios mentalmente mientras voy desde casa al campo de juego y, una vez allí, sólo me concentro en cada uno de mis movimientos y cómo puedo mejorarlos.
“El maestro es un incondicional dominio de las formas: practicar, repetir y repasar lo repetido”. La práctica del deporte o de cualquier actividad te permite mejorar y dominar mejor cualquier materia.
Toda actividad tiene un principio, un mantenimiento/ un hacer, y por supuesto, un fin. En este libro se muestra de la siguiente manera “El maestro cuando le enseña el camino al alumno tiene que dejarlo seguir sólo. Lo desprende de si mismo exhortándolo encarecidamente a ir más lejos que él, a subirse a los hombros del maestro.” Me parece una forma muy humilde de intervenir por parte del maestro.
Los productos/servicios/habilidades que creamos tienen un principio, un desarrollo y un final. En la formación, por ejemplo, se planifica un temario, clases, horas… pero, tenemos en cuenta ¿cómo irá el alumno más allá? ¿cómo puede el alumno mejorar al profesor?¿cuando se deja de ser alumno y pasa a ser profesor/alumno de si mismo?
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