En la vida todas las personas encuentran ciertos momentos de insatisfacción e imperfección. Puede que no seamos capaces de cambiar la realidad pero sí podemos cambiar nuestra forma de mirar y afrontarla.
Hay un interesante cuento budista que dice:
“Un joven monje y un monje viejo bajaban del monte a la ventura, y llegando a la orilla de un río encontraron allí a una doncella que se lamentaba de que no podía cruzar el río. El monje viejo le dijo a la doncella:
Yo os llevaré a la espalda hasta la otra orilla- y se cargó la doncella a la espalda y cruzó el río.
El monje joven se sorprendió tanto que se quedó con la boca abierta y unos ojos como platos, pero no se atrevió a preguntar nada. Y así anduvieron otros diez kilómetros y cuando ya no podía aguantar más le preguntó al monje viejo:
-Maestro, ahora que estamos tan lejos de nuestra casa, decidme, ¿cómo habéis podido cargar con esa doncella y cruzar el río?
Y el maestro le respondió, burlón:
-¡Tú has visto cómo la llevaba a cuestas hasta dejarla en la otra orilla y vienes cargando con eso los últimos diez kilómetros sin soltarlo! ”
¿Cuántas cosas llevamos en el día a día que no hemos soltado para seguir adelante? ¿No creéis que necesitamos más formas de pensar, sentir y hacer para disminuir nuestra carga?. Sería interesante empezar a hacer un listado con todas ellas para luego poderlas mejorar.
Yo en el día de hoy tengo al menos dos para apuntar en la lista.

