Oposiciones

Hace algún tiempo me llamó un buen amigo por un “bajón” en la preparación de unas oposiciones a magisterio. Antonio –nombre ficticio- me ayudó a expresar por escrito lo que a él le ocurrió. Su forma de prepararse durante todo un año lo explicó con la siguiente metáfora:

-Todo empieza cuando asumo subir LA MONTAÑA. Sé que el ascenso será duro, porque hasta  ese momento no me había planteado semejante cometido. El ritmo de subida era bueno, supe combinar el avance y la pausa, los aprendizajes fueron muchos, rápidos y la mayoría conscientes, no solo quería llegar a lo más alto, sino una vez allí, quería acordarme de todo lo vivido; cuando ya vislumbraba la cima, necesitaba estar seguro de poder utilizar lo aprendido, sin embargo…-

Seguía explicando: -Superé con constancia y voluntad, los distintos obstáculos tanto los evidentes como los que necesitaban de reflexión. Esta reflexión fue fácil, ya que la podía hacer de forma tranquila, porque la cima (momento de examen) todavía estaba lejos. La cima la identifico con el poder presentarme a los distintos exámenes, sin embargo para mí ése no era mi principal objetivo, lo que quería era APROBAR (en el ejemplo lo he identificado con “acordarme de todo lo vivido”).-

-Sin embargo la semana del 14 de Junio las inseguridades se me acumulaban, necesitaba en ese momento estar seguro de que conocía “lo aprendido”, pero no lo estaba. Dejé de controlar la situación, no podía reflexionar sobre ello y lo que era peor, no estaba preparado para “subir” lo que todavía me quedaba hasta llegar a la cima. En otras palabras, no podía estudiar nada más, estaba completamente bloqueado, ya que dudaba sobre los temas anteriores, los que teóricamente conocía. Era muy consciente de que necesitaba ayuda!!!!! Necesitaba orden y seguridad en lo aprendido/estudiado para gestionar con tranquilidad lo que todavía me faltaba por aprender. -

En este momento fue cuando me llamó. Fue muy interesante escuchar cómo se había preparado durante todo el curso, teniendo en cuenta que llevaba mucho tiempo trabajando en el sector privado y por tanto, una falta de entrenamiento en estudiar.

Parece un caso particular de una situación concreta, sin embargo, de una forma u otra, muchos de nosotros hemos pasado por situaciones parecidas en relación a oposiciones, estudios, deportes, dejar de fumar, dietas, adicciones…

Tendemos a buscar directamente soluciones al problema. Sin embargo, nadie nos suele enseñar cómo formar un problema de forma certera, por lo que vamos a quedarnos un poco más en el problema para analizarlo desde diferentes perspectivas y obtener más información. Para ello os dejo las siguientes preguntas útiles que se podrían plantear:

¿En qué contexto o situación se originó el problema? Antonio llevaba trabajando varios años en el sector privado, todo lo que ocurrió en este momento es importante averiguar aquí. Luego también, la situación cuando empezó – y los momentos anteriores – el bloqueo.

¿Qué problema es concretamente? ¿Qué parte no es un problema? El bloqueo, pensares, sentires y haceres que daban a dudas, mal sentires, olvidos, incertidumbre, desconfianza. No era un problema comer, quedar con amigos, hacer deporte…

¿Cómo es el problema? Lleva a condicionar toda su vida, sólo piensa en él, en su bloqueo, en no estar preparado para llegar a la cima, en la falta de tiempo, en surgir estrés, en no controlar la situación…

¿Por qué es un problema para la persona? ¿Cómo está esto conectado con los valores de la persona? Antonio lo conecta claramente con una implicación 200% se lo juega todo a llegar a una cima en un momento concreto y el hecho de plantear de no llegar allí es un problema para él. Es una persona muy entregada.

Las respuestas de Antonio en este último cuestionario están muy simplificadas. Lo importante es que cada uno de vosotros sigáis esta secuencia – se permiten más preguntas, no es un cuestionario cerrado- para trabajar vuestros problemas antes de pasar a las posibles soluciones. Estas quedarán para un siguiente post…

Crisis, miedo e ilusiones

“Los momentos de crisis producen una vitalidad redoblada en los hombres. O más sucintamente, quizás: los hombre sólo empiezan a vivir plenamente cuando se ven entre la espada y la pared.”

Este es un fragmento de “El libro de las ilusiones” de Paul Auster. Cómo en el libro,  muchas personas  sufren crisis a lo largo de sus vidas. Pérdidas de parejas e hijos, mascotas, cosas materiales de mucho valor sentimental (libros, películas, fotos…) y económico (dinero, casas, juegos…). Cada actuación tiene matices parecidos pero a su vez, todos son diferentes. Y es que no hay una perdida que sea igual a la otra, ni una que afecte de manera igual a dos personas.

Curiosamente se habla de “yo sé lo que es, porque he pasado por lo mismo” pero ha pasado por su propia crisis y ésta, para otra persona puede ser parecida, diferente o ninguna de las anteriores.

Las personas responden de diferente manera ante situaciones negativas. En casos sencillos, hay niños que se caen de sus bicis y se hacen mucho daño, sin embargo al día siguiente se suben de nuevo en la bicicleta, como si nada hubiese ocurrido. Otros niños, rechazan la bici y le cogen miedo. Tardan mucho más en recomponer la situación.

También hay niños que se quedan encerrados en el trastero. Golpean fuertemente la puerta hasta ser escuchados, y tras varias horas de lloro y golpes, consiguen ser rescatados. Algunos recuerdan la situación para tener más cuidado la próxima vez, a otros, les entra una enorme ansiedad cada vez que se encuentran en sitios pequeños cerrados, cómo los ascensores.

Cada uno de nosotros ha vivido diferentes situaciones negativas que pudieron generar una crisis pero, ¿supiste afrontarlo la siguiente vez de mejor manera?

En el libro, el personaje principal pierde en un accidente aéreo a sus dos hijos y su mujer. A partir de ese momento se hunde completamente, aislándose del mundo y comienza a tener un miedo espantoso a coger un avión.  A sus seres más queridos los ha perdido en el ahí, por lo que es de suponer que genere negatividad sobre esta forma de viajar. Evita las carreteras que conducen a los aeropuertos, los aviones y todo lo relacionado con éstos.

Hay un momento en su vida que necesita volar,  su solución y es tomar medicinas que le dejen dormido y con ello evitar así el problema. Cierto, pero no lo soluciona. En el viaje de vuelta, se olvida de las pastillas, estuvo a punto de dar marcha atrás, pero se dio cuenta de que tenía razones muy importantes por las que hacer el trayecto en un corto periodo de tiempo. Decidió volar, se sentía incómodo, no era fácil, conocía las posibilidades de tener un accidente, siguió las normas de aviación de manera extrema e intentó estar atento a que nada le ocurriera. El miedo estuvo en todo el viaje pero gestionó su estar ahí por una razón muy importante que tenía que hacer cuando llegara a tierra.

El miedo no se supera como si fuera una pared por la que hay que pasar por encima. El miedo se investiga y se detalla en mayor medida buscando dónde es más seguro para continuar. Efectivamente el mundo es inseguro, pero hay pequeñas partes de él, donde te puedes sentir con más seguridad. A veces las cosas pasan, pero cómo reaccionar e investigar lo ocurrido, te ayuda a tener más herramientas para solucionarlo de una forma mejor. Es aquí donde se desarrolla la persona.

Cómo ser un buen jefe

“Cómo fabricar un buen jefe… y lograr que funcione” es un artículo del NYT que apareció en el País el 7 abril. Parece ser que en el 2009 Google realizó un plan de investigación llamado El Proyecto Oxigeno para averiguar qué capacidades y cualidades debería tener y seguir un buen jefe. La conclusión fueron las siguientes directrices:

  • Sé un buen director
  • Confiere poder a tu equipo y no seas controlador
  • Muestra interés en el éxito y el bienestar personal de los miembros del equipo
  • No te muestres blando: sé productivo y céntrate en los resultados
  • Sé un buen comunicador y escucha a tu equipo
  • Ayuda a tus empleados en su desarrollo profesional
  • Ten una visión y una estrategia claras para el equipo
  • Cuenta con aptitudes técnicas fundamentales para poder aconsejar al equipo.

Otro punto importante del informe fueron los motivos de abandono de una compañía:

  • No sentir ninguna conexión con la misión de la empresa, o no tener sensación de que su trabajo importe
  • No les gustan sus compañeros o no le respetan
  • Tener un jefe terrible.

Parece ser que con estas indicaciones el resultado de Google mejoró. Desgraciadamente sólo tenemos el artículo escrito por Adam Bryant y no el informe completo. Hay muchas cosas que se han quedado por el camino, pero con la información que tenemos se puede observar la importancia de las habilidades necesarias para desarrollar y mejorar el trabajo como director o “jefe”.

Entre ellas, hay algunas con las que estoy en total desacuerdo – no generan desarrollo-y no dicen cómo hacerlo, sin embargo me pareció interesante la cuestión de mostrar interés por el bienestar personal. Con relativa frecuencia, sólo se tiene en cuenta la situación de la persona en su lugar de trabajo y no como persona completa, dentro y fuera.

Para mi un ejemplo claro de esta situación son los contratos a tiempo parcial. Estos contratos están planteados para una mayor flexibilidad del trabajador y la empresa. Tanto es así, que la persona sólo requiere un número de horas y el trabajador sólo quiere trabajar estas horas porque el resto del tiempo lo necesita para otras cosas. En el momento que esto no se cumple, el bienestar personal queda en entredicho. Así, si se contrata a una persona a 20 horas para mantener una familia, por muy alto que sea el salario, el resultado es que la persona no tiene suficiente y esta situación puede mermar en la efectividad del trabajador.

Muchos planteamientos, en términos generales, pueden tener grandes beneficios si se aplican para lo que fueron diseñados. Sin embargo, hay que estudiar cada persona para cada caso concreto para obtener el mejor resultado.

Foto por cortesía de Flickr.

Luz en la Sombra

El libro “Luz en la Sombra” de la editorial Urano, reúne a tres autores Deepak Chopra, Debbie Ford y Marianne Williamson para tratar preguntas tipo:

¿Por qué tenemos acceso a tanto conocimiento, pero nos falta la fortaleza y el valor para actuar de acuerdo con nuestras buenas intenciones y ser capaces de tomar decisiones poderosas?

¿Por qué seguimos actuando contra nuestro sistema de valores y contra todo aquello que defendemos?

El libro tiene todo un trabajo por delante para trabajar en este campo. ¿Por qué hay personas en la vida que se quedan estancados y no desean cambiar nada de lo que tienen? ¿Por qué, sin embargo, hay otras que dejan lo que hacen para aventurarse en su sueño y luchar por lo que quieren? Este tipo de decisiones no son nada fáciles de tomar.

Intento seguir la pista -me gustaría mucho más- a las personas que buscan nuevos retos, nuevos trabajos, nuevas ilusiones. La cara de estas personas es diferente, incluso su voz. Se mueven con una actitud positiva y mirando con fuerza hacia el futuro: personas que montan una consultoría, buscan trabajos en el exterior, opositan, quieren montar un negocio inmobiliario…

Este libro está dentro del lote que sortearemos el 1 de diciembre de 2010 a todos aquellos que escribáis un comentario y pinchéis el enlace del libro. Ese día me pondré en contacto con el ganador para hacerle llegar el paquete con:

LUZ EN LA SOMBRA. Debbie Ford, Marianne Williamson, Deepak Chopra

ABRÁZAME FUERTE. Sue Johnson

SABER PENSAR. Rosa Argentina Rivas Lacayo

CUANDO HACERLO BIEN NO BASTA. Frédéric Fanget

Existe información complementaria en el post Sorteo de un lote de libros de Ediciones Urano.

Coaching en la empresa

El otro día leo en la prensa el siguiente titular: “¿Necesita realmente Coaching?”. Antes de comenzar a leerlo, me planteé yo mismo la pregunta.

Evidentemente lo primero que tengo que saber es, ¿qué es coaching?. En rojo se resalta dentro del artículo una de sus definiciones: “El coaching es un proceso de desarrollo que sirve para que las personas consigan la excelencia y liberen su talento”.

Yo entiendo el coaching como un proceso, un entrenamiento continuo de la persona en la mejora de sus capacidades, destrezas y comportamientos del día a día. La pregunta añadida sería, ¿para que mejoras lo que haces?¿En que cosas necesitas, te gustaría y/o quieres mejorar?

Pues claramente depende en gran parte del sentido que le des. Si vas 3 veces a la semana a correr por el puro placer de estar en forma, no necesitas mejorarlo, no necesitas coaching. Si lo que buscas es participar en la maratón de Madrid y quieres mejorar tu marca personal no es suficiente correr todos los días. Tienes que mejorar lo que haces observando detalles más pequeños como: pulso, movimiento de los brazos, zancadas, en que piensas cuando corres, etc. y, a partir de ahí, introducir cambios para notar y comprobar que ocurre. El paso siguiente es evaluar el proceso y continuar con más mejoras.

Al hablar de coaching recuerdo una entrevista que se hizo a Björn Borg dónde afirmaba que él fue el primer jugador de tenis profesional que tuvo un entrenador. Todo el mundo le miraba raro, siempre iba acompañado. Hoy es de lo más común.

Estas actividades de mejora y desarrollo también son muy útiles en el mundo de la empresa: cambios, innovación, creatividad, negociaciones, planificación de tareas, pensamientos, emociones, etc.Por ejemplo, si crees que dedicas muchas horas al trabajo y que podrías ser más productivo, deberías analizar cada una de las tareas que haces siguiendo los siguientes pasos:

  • Describe detalladamente qué es lo que haces, cómo lo haces exactamente y por qué de esa manera concreta.
  • Introduce algún pequeño cambio de mejora.
  • Nota que ocurre, como afecta en tu trabajo.
  • Confirma el resultado y todo lo ocurrido.
  • Evalúa todo el proceso, ¿qué efecto ha generado el cambio? ¿cómo te sientes al respecto? ¿cómo te posicionas ante ello?
  • ¿Es posible introducir otro cambio en esa misma actividad para su mejora? Si es si, comienza por el principio y sigue los mismos pasos.

El coaching te permite estudiar tus limites y te ayudará a ir más allá de lo que haces en la actualidad tanto a nivel físico como a nivel emocional.

Leamos lo que aparece en el artículo…

Foto por cortesía de Flickr.

La gimnasia mental

Este fin de semana apareció en Redes: “Pon en forma tu cerebro“. Eduart Punset entrevistó a Shlomo Breznitz, psicólogo y creador de programas de ejercicios mentales.

Ambos pronostican que, en el futuro, incluiremos más gimnasia mental junto con la gimnasia física que nos recomiendan en la actualidad. Estoy con ellos, un buen entrenamiento mental modifica tu cerebro y te hace ir a un mayor desarrollo.

Afirman dos cambios de concepto básicos:

El coeficiente de inteligencia perderá todo su sentido. Es decir, al comienzo se pensaba que esta medición era para siempre en la persona y que no existía cambio. Sin embargo, la capacidad de aprendizaje y desarrollo de la persona supone cambios continuos en el cerebro (plasticidad cerebral, se le suele denominar). Por lo tanto, la medición que se hizo en un momento concreto, posteriormente puede resultar irrelevante al existir cambios en la persona.

La educación del conocimiento. Anteriormente, y parte de la educación actual, está centrada en adquirir conocimientos. Hay que saberse los ríos de España, las capitales de Europa, etc. Sin embargo, la educación debe combinar la adquisición de conocimientos con herramientas de gestionar el conocimiento. Es decir, la persona no sólo debe saber el nombre de los ríos, sino además saber exponerlos en público, controlar el estrés y ansiedad de ese momento e introducir mejorar continuas en la capacidad de investigar sobre su aprendizaje. En este punto, se está haciendo un trabajo muy interesante por Jose Antonio Marina en La Universidad de Padres.

Punset termina diciendo que tenemos que pasar del fármaco que incide sobre el cerebro a la gimnasia mental como trabajo preventivo mucho más eficaz. De nuevo me parece una idea fantástica, aunque viendo la cantidad de aparatos de gimnasia “milagrosos” que se venden, la cosa no será tan fácil.

Emociones y dolor

En la contraportada del diario Elinformación, aparece el siguiente artículo:  ”La gran pregunta es como el estado emocional nos hace más vulnerables a la enfermedad”. Es una entrevista realizada al último ganador del Premio Principe de Asturias, David Julius, por sus investigaciones en el campo del dolor.

Cuando sufrimos dolor, la tendencia habitual es buscar una manera para que desaparezca. Sin embargo, Julius resalta que “el dolor es un componente muy importante de nuestro sistema de alerta”, es decir, nos sirve para avisarnos de que algo va mal. Por eso es importante investigar que ocurre antes de eliminarlo.

Por otro lado, afirma algo que todos intuimos: “el tratamiento del dolor tiene un componente emocional y psíquico”.  De hecho si nos encontramos emocionalmente fuerte y nos caemos al suelo, por ejemplo, depende de la gravedad claro, pero normalmente nos levantaremos antes. Si nos encontramos en una situación deprimida, suelen venir pensamientos:”todo me pasa a mí”, “estoy gafado”, “solo tengo mala suerte”, “todo me sale mal”, etc. lo cuál dificultará la recuperación.

Investigaciones sobre el dolor son necesarias y afortunadamente los científicos están en ello. ¿Podemos investigar sobre nuestros dolores? ¿cuando nos duele la cabeza podemos hacer algo más que tomarnos una pastilla?¿Existe la posibilidad de prevenir los dolores?¿cómo nos podemos recuperar antes de un dolor de cabeza o de espalda,  por ejemplo? ¿por qué tenemos el dolor?

Son muchas las preguntas abiertas. Muchas veces la mejor respuesta es acudir al médico. Pero por otro lado, quizás es importante que conozcas tú estado emocional y saber que juega un papel muy importante en tú mejora. Entender que si estás emocionalmente fuerte te ayudará al menos a pasar el dolor antes o a hacer la recuperación más rápida. Hay mucho campo abierto aquí también…

Foto por cortesía de Flickr.

Un ejercicio de inteligencia emocional

Hace poco, hablando con una persona, me comentó que continuamente estaba cansada, sin ánimos y muy negativa ante todo. Un profesional le recomendó el siguiente ejercicio: apunta diariamente 3 cosas positivas que te hayan ocurrido en el día. Al principio no le resultó nada fácil -me explicó-, tras mucho insistir y pensar, consiguió encontrar alguna. Esto le hizo sentir mejor.

Hace varios años, en un curso de inteligencia emocional, hice por primera vez este ejercicio. Recuerdo que tenía que buscar 10 cosas positivas y, no me fue nada fácil. Al finalizar el curso, y como siempre he tenido mucho interés en saber cómo funcionaban los ejercicios en mi día a día, decidí que para registrar las cosas positivas, iba a utilizar una libreta de “mano”. Si, fue una Moleskine negra que aún conservo con el resto de libretas -ahora no puedo estar sin ellas- y libros de lectura. Estas pequeñas libretas te permiten utilizar todos los momentos “ociosos” para aprender y desarrollarme: parada de metro, espera de amigos, tomando un café…

Al poco tiempo de empezar esta actividad dejé de escribir en la libreta cosas únicamente positivas. Tener un sentido globalmente positivo es útil, pero hay que tener en cuenta que existe cosas positivas, negativas y neutras en la vida. Y de todas ellas se puede aprender.

Ayer pasee por la playa y mi mirada se dirigía al momento en el que se rompen las olas en el mar. Me dije a mi mismo, este es un momento muy positivo, ¡me encanta! Hasta aquí muy bien, acabo de describir un hecho positivo. Sin embargo, si me quedo ahí, simplemente será un hecho, no hay aprendizaje ni desarrollo, en principio. Sin embargo se le puede añadir preguntas del tipo: ¿cómo me siento yo respecto a estar viendo romper las olas? ¿es eso lo único que ocurre? ¿por qué es importante o positivo para mi el momento de romper la ola?

A partir de ahí, empieza a salir más jugo interesante… Probádlo, no sólo buscar cosas positivas, sino sacar lo positivo a lo neutro y negativo. Y, a partir de ahí buscar preguntas de tipo ¿cómo? ¿por qué? ¿para qué?  te resulta útil y relevante.

Cualidades valoradas en un profesor

Este fin de semana en la prensa aparecen dos artículos relacionados con el profesorado y la enseñanza, pero en ámbitos muy diferentes.

El primero de ellos se encuentra en El Mundo “Los CEO examinan al profesor Solana”. Javier Solana, que entre otros muchos cargos ha ocupado durante 4 años la secretaría general de la OTAN, imparte cursos a altos directivos (CEO) de la empresa.

Según Javier Solana la enseñanza “es una conversación dialogada donde lo más importante es la interacción, que pregunten sobre aquello que les preocupa. Me gusta definirlo como una conversación inteligente e interactiva: se trata de hablar de intercambiar ideas y de ofrecer algunos datos.”

Los alumnos valoraron de él: los debates, cómo surgen las ideas, hablar de incertidumbre, dar pistas, indicar senderos por los que caminar, facilitar la aportación de opiniones, tener un estilo cercano, gran empatía con la audiencia, aportar gran nivel de abstracción, promover y elaborar tendencias y como no, sacar conclusiones múltiples.

Por otro lado, en el Magazine, se analiza el perfil de una profesora de primaria en Majadahonda (Madrid) Julia Resina. Ella misma acaba de publicar un libro con sus experiencias, Querida Maestra (ed. La Esfera de los Libros).

Del artículo resalta, vocación, estudio, cariño, dedicación, apertura a los cambios, empatía, tolerancia, esfuerzo, tesón, respeto, optimismo, despertar lo mejor, hacer equipo entre padres, alumnos y profesor.

Curiosamente esta profesora, al final de cada curso preguntaba a sus alumnos que les había gustado y que no, una evaluación en toda regla. Es sorprendente como sus alumnos la recuerdan y como ella se apoya en ellos.

Grandes profesionales de los que aprender y tener en cuenta para nuestra forma de enseñar y aprender del día a día.

¿Cómo adquirir estas cualidades?¿Cómo entrenarse para ser mejor en ellas?¿Se pueden aprender? Muchas preguntas sobre las que trabajar…

Foto por cortesía de Flickr

Neurociencias, la plasticidad del cerebro y el desarrollo de personas

Buscando información sobre esta temática, encontré un documental de Televisión Española dónde resaltaba el nombre de Javier de Felipe. Indagando en la red encontré un interesante artículo.

La neurociencia básicamente se encarga de estudiar el cerebro. Estudia su estructura y la función para saber más de él y sobre todo, para poder utilizarlo mejor.

Existen muchas creencias sobre el cerebro que los científicos han explicado que no es así, como por ejemplo:

  • Sólo utilizamos un 10% del cerebro. No tiene mucho sentido, se utiliza todo el cerebro y todo el cuerpo. Si fuera así ¿que parte de mi cerebro es el 10%?¿qué hace el resto del 90%?
  • El tamaño del cerebro importa en la inteligencia. Se pensaba que el cerebro mientras más grande mejor. Hay evidencias de que no es así.
  • La calidad del cerebro en todas las facetas de la vida. Una persona que sea un “cerebrito” o brillante para algo no quiere decir que sea brillante en todo lo demás. Por ejemplo, un buen jugador de fútbol no tiene por qué ser bueno en las matemáticas.
  • Los cerebros de los hombres son diferentes al de las mujeres. Las diferencias son fundamentalmente psicológicas y culturales no se ha podido demostrar que existan otro tipo de diferencias entre ambos.

Resalta el autor, la capacidad aprendizaje y adaptación a las circunstancias que tiene el cerebro: su plasticidad cerebral. Y es que el cerebro está en continuo desarrollo, aprendiendo día a día, haciendo nuevas conexiones, bien aprendiendo desde el interior, o bien mediante un aprendizaje del entorno que le rodea: amigos, familia, noticias, libros, experiencia de trabajo…

El que cerebro esté en continuo cambio abre un abanico enorme de posibilidades. Planteamientos tipo: he sido tal persona, no puedo cambiar, he cometido tal error y lo seguiré cometiendo… Son frases que decimos pero que ahora se demuestra que no tienen por qué ser así. Podemos no estar condicionado de lo anterior, aprender de ello y avanzar. Las personas y el cerebro cambian.

Un ejemplo muy claro es cuando nos saluda una persona que hace muchos años que no nos ve, nos pregunta cosas relacionadas con una época ya pasada que a veces ni recordamos. Hemos cambiado tanto desde entonces que nos damos cuenta que somos una persona diferente.

“Si, si, antes no hacía deporte, era regordete y me gustaba beber y fumar… Ahora corro maratones y me encanta. También soy profesor de matemáticas aunque no te lo creas…”

Y es que percibimos los cambios cuando el periodo de tiempo es muy amplio pero nos cuesta para momentos de ayer y hoy.

¿Cuántos cambios han sufrido nuestro cerebro, cuerpo y corazón en todo este tiempo?¿Qué cambios son posibles?¿Cada minuto nos estamos desarrollando?

Foto cortesía el Bibliomata